sábado, 25 de agosto de 2007

El ocaso de las propinas

Leía esta semana el artículo que está más abajo.

Ayer a la hora de pagar la cena nos encontramos con una situación bastante similar. No pude ir al cajero a sacar algo de dinero con lo que tuve que pagar la cena con la tarjeta de crédito. Y ahí es cuando llegó el problema. Voy a mirar si tengo algo para dejar de propina y me encuentro con unas cuantas monedillas pequeñas (1 o 2 cents) y monedas grandes (dos de 1 euro). Y allí comienza el problema.

Por un lado, recibo presión para no dejar nada. Total, tal y como están los precios parece que los restaurantes han adoptado la táctica americana de ya cobrarte la propina directamente. Por otro lado, ni el servicio ni la comida habían estado mal pero no tan bien como para dejar 1 euro de propina. Resultado final, sin propina.

Y entonces, llegas al razonamiento de siempre. ¿Porqué hay profesiones que esperan la propina y otras que sería impensable? Seguro que los abuelos no le dan propina al médico del CAP cuando van de visita a pedir pastillas. O a un profesor de los críos. Tenga 2€ por la clase de hoy porque lo ha explicado perfecto.

Más o menos, es lo mismo. Te dan un servicio algunos de forma más amable y otros de menos.



Propinas de calderilla

El hábito de las gratificaciones se ha convertido en algo residual y simbólico, una costumbre en extinción tras la llegada del euro

EN países como Estados Unidos resulta inconcebible salir de un restaurante sin haber dejado propina. Más que una convención, es casi una norma que garantiza al camarero entre el 10% y el 15% del importe de la cuenta. En España, en cambio, se trata de una costumbre voluntaria, muy arraigada años atrás, pero que con el tiempo ha perdido significación. La sociedad española parece haber abandonado esta costumbre, y no sólo en la llamada 'tierra del chavico'.

La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) estima en un informe que dejar dinero extra no tiene razón de ser, porque se da por hecho que la calidad de un servicio no debe premiarse cuando ya se abona una factura.

Por otra parte, considerar estas gratificaciones como sueldo también es rechazado por la CECU, ya que estiman más importante garantizar que el empleo de los trabajadores de hostelería esté bien remunerado.

No hay estadísticas sobre las propinas, pero todo apunta a que están de 'capa caída'. El primer síntoma de este retroceso se advirtió con la entrada en vigor del euro, que empezó a circular en 1999 conviviendo con la peseta, a la que sustituyó al cabo de tres años. Quienes pensaban que el regreso de los céntimos podría ser un revulsivo para las propinas se equivocaron. La Confederación de las Pequeñas y Medianas Empresas del Estado Español (COPYME) realizó una encuesta durante el primer mes de vida del euro en solitario que concluía que las propinas se habían reducido a la mitad. Era la impresión de unos 2.000 empresarios.

Cambio de costumbre

Lo que está claro es que los hábitos de los españoles han cambiado y las propinas se han convertido en algo residual y simbólico.

Con todo, el euro no es el que más daño les ha hecho. La principal enemiga es otra: la tarjeta de crédito o de débito. Lo que empezó siendo una rareza se ha convertido en algo generalizado y para muchos consumidores lo menos frecuente es pagar en metálico. El uso del dinero de plástico, cada vez más extendido, ha sido el factor determinante de la caída de los 'donativos', aunque hay quienes también los dan a través del 'plástico'. Pero esta modalidad de pago tiene un efecto evidente, y es que ya no hay monedas para devolver como cambio, monedas que muchas veces se dejaban encima de la mesa o del mostrador. Esto es lo que ha pasado en España, donde dar unos céntimos de más es voluntario.

Otros apuntan como causa de la extinción el hecho de que el sector de la hostelería se ha desprofesionalizado y de que es un trabajo poco reconocido socialmente. Sean cuales sean las causas, estos gestos de 'amabilidad monetaria' se han quedado reducidos a calderilla, aunque ante un buen servicio y atención al cliente aún quedan quienes dejan caer unos euros.

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